Por ahora, el partido más discutido en plenas Finales 2008 es el Juego 6 de las finales de la Conferencia Oeste del 2002. Es por eso que los Celtics necesitan cerrar esta serie el domingo, para bajar a la NBA del escenario, adonde es el blanco de los grandes tomates arrojados por Donaghy. Que las personas empiecen a pensar en béisbol, en tenis o en golf. Saquen de peligro a David Stern. Esta serie no puede librarse de la sombra de Donaghy y sus duros alegatos de que los árbitros intentaron alterar el resultado de un partido de playoffs para sumarle otro juego a la serie y aumentar las recaudaciones de la liga. Si los Lakers fuerzan un Juego 6 ganando el domingo con la ayuda de algunas sanciones favorables, las especulaciones de conspiración sólo se avivarán.
Stern no mejoró la situación presentándose en una conferencia de prensa antes del partido del jueves sin decir casi nada. Quedó expuesto. Demostró que no tenía argumentos. Ninguna manera de tranquilizar a los aficionados de que no hubo nada sospechoso en ese Juego 6 ni en ningún otro, más allá de la fe en su palabra.
Cuando la NBA anunció que Stern hablaría antes del Juego 4, creí que saldría a los tiros, que tendría algo más para ensuciar a Donaghy, o que daría un fuerte discurso para que la gente cambie de parecer.
Eso no sucedió. Su única declaración notable fue que la liga volvería a entrevistar a sus árbitros. Eso sólo me dejó pensando qué preguntas habían quedado sin formular en el primer reporte Pedowitz el verano pasado — y más aún considerando que la liga ha manifestado que conoce hace tiempo los alegatos de Donaghy, que recién se hicieron públicos en un documento judicial esta semana.
El problema de Stern es que es casi imposible probar un negativo — es decir, demostrar que definitivamente no hubo arreglo. Claro, Donaghy aún debe presentar pruebas materiales como correspondencia o conversaciones grabadas para demostrar que verdaderamente hubo intenciones de favorecer a los Lakers sobre los Kings.
¿Pero qué nos dice sobre la liga el hecho de que el público parezca creer más en las palabras de un delincuente que en las de Stern?
Y tampoco ayuda que Stern aún no haya reconocido el efecto de esos e-mails entre los propietarios de los Seattle SuperSonics que parecen indicar que el grupo siempre tuvo intenciones de trasladar el equipo a Oklahoma City. No hay nada que ver aquí, no se detengan, fue lo que nos dijo. (No sé si fue una estrategia o una casualidad, pero un aficionado con un viejo jersey de los Sonics de Shawn Kemp estaba sentado en un lugar prominente cerca de la mesa de puntaje.)
Por el momento, Stern no ha encontrado las palabras indicadas para transmitirles confianza a los aficionados. Lo creas o no, uno de los mejores argumentos contra esta acusación fue de Scot Pollard, uno de los Sacramento Kings quien fue víctima de las faltas mal cobradas (intencionales o no) en aquel Juego 6 del 2002. Si hubiera una conspiración, comentó Pollard, ¿no habría al menos otro ex árbitro descontento dispuesto a respaldar los alegatos de Donaghy? Todos no pudieron haberse ido bien.
Pero Mike Mathis y Hue Hollins, dos ex réferis quienes fueron condenados por Stern tras hablar el año pasado, aún no han respaldado a Donaghy. Otra reflexión: ¿Cómo es que enviar a Shaquille O’Neal a la línea ayudaría a los Lakers a ganar? ¿No es una estrategia que usan sus adversarios para hacer perder a su equipo?
Pero ha habido demasiado humo alrededor de esta liga por demasiado tiempo como para que los aficionados descarten estos reclamos así nomás. Es por eso que sería mejor que la llama de las Finales se apague ahora.








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