Su camiseta Nº 5 colgaba en lo más alto del estadio Fortunato Bonelli como homenaje al ídolo más importante que tuvo Belgrano en su historia y que se retiró al final de la temporada pasada. Carlos Enrique Colla no nació en San Nicolás, pero se hizo nicoleño por adopción. En la 98/99, se incorporó al Rojo por primera vez y allí se quedó para siempre. Su entrega en la cancha, profesionalismo y cualidades humanas lo convirtieron en el símbolo del club. Hace unas semanas, Caco brillaba en el torneo local de la ciudad, pero seguía al equipo de Pablo Dastugue desde la platea. Aplaudía y alentaba como un hincha más pese a las derrotas que se fueron sucediendo. Mientras, su hijo Juan Cruz, de sólo 17 años, lo miraba desde el banco esperando alguna chance…
Hasta que el técnico llamó al escolta de 41 años (ahora el más veterano de la elite) para convocarlo por Gabriel Domínguez. La ilusión de poder compartir un plantel con su crío reforzó su energía para retornar.
“Tenía muchas ganas y todavía siento que le puedo dar algo al club. Obviamente que para ello fue fundamental el apoyo de mi familia, que es el que necesitaba. Estaba muy cómodo, pero extrañaba. Es duro dejar de jugar, nunca creí que me iba a costar tanto”, le explica Carlos, que cumple su 10 campaña consecutiva en Belgrano, a Olé.
¿Cómo vivió su regreso Juan Cruz, promesa de las Inferiores? El lo cuenta con detalles: “Cuando se retiró, me puse muy mal porque pensé que nunca se concretaría la posibilidad de jugar juntos. Es mi ídolo y siempre trato de imitarlo como basquetbolista y como persona. Mirá, en la práctica del día anterior a su vuelta, empecé a pensar: ”Uh, capaz que mañana estoy entrenando con mi viejo”, y se me llenaban los ojos de lágrimas de la emoción. Ya está, fue lo mejor que me podía pasar. Ahora tengo que buscarme otro sueño para poder cumplir”.
En la casa todos celebraron cuando Caco tomó la decisión. Francisco, de 12 años, y Sofía, de 10, también bailaron y saltaron en plena intimidad familiar. “Ellos no saben el esfuerzo que hay detrás de esto. Con 41 años me cuesta y les cuesta a ellos también porque mi señora (Dafne) se tiene que encargar de todo. La decisión la tomamos los dos porque el sacrificio viene más por parte de ella”, aclara el escolta.
Carlos sabe que cumple el sueño del padre y que su caso es único en la historia de la Liga. “Es una sensación única, extremadamente agradable. Vamos juntos a las prácticas. A él le encanta el básquet, está cumpliendo un sueño practicando con la Primera”, relata.
Pero para el jovencito la felicidad no era completa hasta la semana pasada. “Me tocó viajar a Junín en la Copa Argentina y sentía que me faltaba algo. Mi viejo me pidió que lo disfrutara. Pero un día le conté lo que me había pasado por mi mente en el viaje. Yo le decía que él estaba en condiciones de volver porque en el torneo local la rompía. El otro día, Leandro Masieri me dijo: ”Che, tu viejo no envejece más”. Creo que le va a dar una gran mano al equipo”, confía Juan.
El retorno de su papá se produjo siete días atrás ante Quimsa y hoy se presentará con su gente frente a Ben Hur, en un partido clave para los nicoleños, que cierran la Zona Norte. “Tengo mucha fe en que vamos a mejorar. Ahora llegó un extranjero (el ala pivote senegalés Ya Ya Dia) que esperemos nos brinde lo que necesitamos. Tenemos un torneo aparte con determinados equipos. Finales son las de mañana (por hoy), con Ben Hur de local. Tenemos que apuntar a esos partidos”, dice convencido.
Luego de la charla con Olé, ambos marchan juntos hacia el entrenamiento. ¿Cómo será compartir un vestuario con tu papá o tu hijo y cambiarse para pasarse la pelota? Sí, el básquet tiene a los Colla disfrutando de una aventura increíble que jamás olvidarán.
Nota: www.ole.com.ar










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